Monthly Archives: March 2005

Murales, merenderos y afiches

Ciudades seguras” se ejecuta en 3 de los 6 distritos en los que está dividida Rosario. En la zona este ya se concretaron transformaciones notables desde 2006: muchas de las plazas o lugares abiertos de la ciudad, otrora territorio de personas violentas, adictos y jóvenes en estado de calle, han sido transformadas en “lugares protegidos” para mujeres, niñas y niños, con zonas de recreo y merenderos, canchas de fútbol y alumbrado público optimizado.

Asimismo, las mujeres pintaron murales con consignas sobre sus derechos, murales que necesitan ser mantenidos, para así no abandonar el lugar recuperado para el arte.

Otra campaña de gran impacto es la llamada “No queremos ese apoyo”, que difunde imágenes sobre situaciones abusivas que muchas veces tienen lugar en los colectivos urbanos, una forma de acoso sexual que viven comúnmente las mujeres. La campaña apunta a sensibilizar sobre las diferentes formas que puede adoptar la violencia sexual, “la mayor amenaza para no usar los espacios públicos”, según explica Nazar.

“Y si la mujer deja de usar la ciudad, dejará de estudiar, de circular, de relacionarse… aumentando la dominación que vive en su hogar, en un continuo de la violencia”, añade la experta.

Lo más importante: las mujeres no son sólo beneficiarias del programa ‘Ciudades Seguras’, son protagonistas. Este empoderamiento se traduce en la elaboración de las agendas para reformular o crear las políticas públicas del territorio. Y ese protagonismo lo tienen también en el presupuesto participativo de Rosario, donde trasladan sus diagnósticos sociales y territoriales para que la perspectiva de género transversalice, por ejemplo, la obra pública.

Inseguridad que enferma

La noción de “percepción de riesgo en salud”, poco considerada por el periodismo de los grandes medios, es una categoría que incluye y comprende la percepción de riesgos en general. Los asesinatos de pareja, la violencia física y sexual, el acoso, las formas graves y crónicas de violencia psicológica, así como una variada combinación de malos tratos y abusos emocionales con consecuencias dramáticas, son componentes cotidianos de estos riesgos. Es por ello que la “percepción de riesgo en salud”, esto es, la percepción de inseguridad, es categóricamente diferente para mujeres y varones.

Sin embargo, en países como Argentina, la percepción de inseguridad que se toma como parámetro para las agendas tanto gubernamentales como periodísticas sigue siendo la percepción masculina, que asocia la inseguridad sólo con delitos tradicionales como homicidios, hurtos, robos y asaltos. De ahí que todavía pervivan figuras aberrantes como la del “crimen pasional”, tendientes a distinguir los crímenes contra las mujeres de “los otros”, los “más comunes”, los “más importantes” para la opinión pública.

Es permanente el reclamo en los medios de “mayor presencia policial” -sin otro propósito que una mayor efectividad en la represión- como una de las posibles soluciones al problema de la inseguridad. El programa ‘Ciudades Seguras’ en cambio, trabaja con la policía pero desde una concepción de género, ya que parte de una capacitación a la policía comunitaria de Rosario y un protocolo de atención a mujeres en situación de violencia, por lo que ahora el personal está capacitado para contener, no revictimizar, y si es necesario, acompañar a un refugio a las mujeres en riesgo.

A esta iniciativa se suma la atención telefónica durante 24 horas todos los días, a través del llamado ‘teléfono verde’, que asiste a mujeres en emergencia.

El empoderamiento devenido de estas iniciativas, demostró que si bien no hay duda de que mujeres y hombres sienten y viven la violencia como un problema compartido por toda la población, ellas son más vulnerables, no sólo por las violencias derivadas de su condición (agresiones sexuales y violencia interpersonal), sino por ser además blanco ocasional de los problemas de inseguridad general.

Y cuando hablamos de inseguridad general no sólo nos referimos a los delitos “tradicionales”, por así decirlo: también estamos hablando de fenómenos vinculados a la forma en que se concibe el desarrollo urbano, a la falta de participación ciudadana, a la dificultad de accesos a servicios… factores que, de una u otra manera, inciden en los grados y modalidades de la percepción de riesgo en salud.

Como puede verse, la experiencia de las mujeres para promover ciudades más seguras, su apreciación tanto objetiva como subjetiva respecto a las violencias que viven en la ciudad y el protagonismo de sus organizaciones, pueden ser fundamentales a la hora de minimizar no sólo la percepción de riesgo, sino el siniestro protagonismo político que hoy cobra la palabra “inseguridad” en nuestra cultura urbana.