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Una escalada a la cumbre

Después de mostrar su carácter enérgico en las primarias de EEUU, tres candidatas mujeres están luchando contra el antiguo arquetipo norteamericano del político varón. Escándalos, prejuicios sexistas y calumnias son los grandes escollos que deben enfrentar en un territorio hasta ahora “vedado” para las mujeres, el de los discursos con perspectiva de género. Sin embargo han llegado lejos, y a juzgar por el apoyo y la intención de voto, pueden llegar mucho más lejos todavía. (Por Zachary Thomas Aldrich*-Foto Erik Shute/Buenos Aires)

“La argentina que logró llegar a la cima del Everest lo hizo por amor”. El título pertenece a un artículo de la sección Sociedad del sitio web del diario argentino Clarín, publicado en mayo 2009. Arriba de la foto principal, el titular secundario nos describe cómo el amante de la alpinista, su guía, la persuadió para realizar la hazaña.

La noticia principal, que ella había sido la primera mujer argentina en hacer cumbre, pierde importancia para el lector, que es inducido por el titular a atribuir todo el mérito (al menos el de los valores subjetivos) al varón. Una sutil maniobra que desautoriza nuestra capacidad para ver a las mujeres desde su propia valía, estorbando además el poder discutir con ellas como dueñas de sus identidades, sin referenciarlas como “pertenencias” de sus parejas masculinas.

Pero el patriarcado no es sólo patrimonio latinoamericano: algo similar ocurre en los Estados Unidos. Por eso, feministas del país del norte se sintieron reivindicadas cuando el arquetipo clásico del político varón fue duramente cuestionado durante de las primarias de California y Carolina del Sur.

En el estado de California, históricamente liberal, dos candidatas han sido nominadas para puestos de Gobierno en las elecciones en noviembre. La primera mujer, que está desarrollando una campaña para obtener una banca en el Senado, se llama Carly Fiorina. Originalmente fue recomendada por su aliada en política Sarah Palin, la anterior gobernadora de Alaska y candidata para la vicepresidencia en 2008. Fiorina empezó su carrera como miembro del directorio de AT&T, habiendo sido también directora ejecutiva de Hewlett-Packard, antes de convertirse en candidata republicana.

Ya algunos expertos en la política habían sugerido que la presencia de Palin serviría como plataforma para que otras mujeres intentaran con éxito extender su influencia en la esfera ejecutiva. Según el Center for American Women and Politics (Centro para las Mujeres Americanas y Política) de Rutgers, en 2010 noventa mujeres revisten como parlamentarias en el Congreso de EEUU; 17 en el Senado y 73 en la Cámara de Representantes.

Asimismo, el número de mujeres en puestos ejecutivos electivos estatales es de 72, mientras que la proporción de mujeres en las legislaturas estatales es de 24.5%. Las candidatas como Fiorina y Palin, aspiran a aumentar estas estadísticas.

Los republicanos de California han puesto también su esperanza en Meg Whitman, ex directora ejecutiva y presidenta de eBay por una década; Whitman ganó la nominación primaria el 8 de junio con más de 64% de los votos, de modo que ahora puede atreverse a derrotar a la oposición democrática, liderada por el ya mítico Jerry Brown, ex gobernador del Estado. Whitman no le va a la saga; ha trabajado en una gran cantidad de puestos significativos, en empresas que incluyen Walt Disney, Procter & Gamble y DreamWorks.

De ganar las elecciones, esta mujer sucederá el actual gobernador Arnold Schwarzenegger, un símbolo machista que encarna todos los estereotipos más duros de lo que significa mostrar poder frente a la sociedad. Una victoria para Whitman podría ser interpretada no sólo como un triunfo sobre el Partido Demócrata, sino sobre el estereotipo tradicional que equipara el poder a la masculinidad.

“Aun cuando nuestra ideología política diverge, yo respecto a cualquier mujer que entra en lo que todavía es, por desgracia, el mundo del hombre,” dijo de Whitman una columnista de la Universidad de Columbia que escribe para Newsweek, la comentarista Meghan McCain. “Cualquiera mujer que está dispuesta a resistir el sexismo inevitable que se correlaciona con la lucha por un puesto político, merece ser admirada en algún nivel, porque está tratando de romper ese techo de cristal”, agregó.

En Carolina del Sur

Del otro lado del país, una mujer igualmente calificada pero muy diferente podría convertirse en la gobernadora de Carolina del Sur: la diputada conservadora Nikki Haley, que ganó la nominación republicana sobre su oponente Gresham Barrett el pasado 22 de junio, pese a que éste contaba con la “bendición” del anterior gobernador de Massachussets, Mitt Romney.

Haley nació en Bamberg, Carolina del Sur, y sus padres son inmigrantes Sikh de la India; es parte del movimiento Tea Party (la primera corriente de protesta popular que ha aparecido en Estados Unidos desde la emergencia de la crisis) y Palin también le dio su apoyo. Si ella logra imponerse en las elecciones en el otoño, se convertirá en la primera gobernador indiana por la Región Sur del país. El único indiano que llegó a ese cargo anteriormente fue Bobby Jindal, de Louisiana.

Arian Campo-Flores, una reportera de los medios de comunicación de Newsweek, se refiere a la presencia de estas mujeres en la vida cotidiana de política como una discusión inevitable. Advierte que Haley, por ejemplo, es aficionada al “arte de seducir”. Durante una campaña para recaudar fondos el pasado 29 de junio, la candidata aparecía atractiva y natural, con una resolución fuerte, y mucha gente la compara con Palin.

“Haley trata de hablar rompiendo obstáculos raciales y de género,” dice Campo-Flores. “Ella proclama que está orgullosa de su origen y de las realizaciones de los indiano-americanos, pero su meta es ser reconocida como política por su condición de mujer”, añade.

Las agresiones

Varias figuras políticas han tratado de enlodar la imagen de estas mujeres, tanto en el sentido racial como desde el sexismo: sin ir más lejos, ya dos varones aseguraron haber tenido relaciones sexuales con Haley, pese a que ella tiene una familia consolidada. Y de vez en cuando, los medios se refieren a Fiorina como una mujer “que debe su éxito a sus propios esfuerzos”, sugiriendo de manera sutil que ella constituye “una aberración” desde el género, pues esto “no es algo estándar” para una mujer.

“En 2008 llegamos al gran hito de elegir el primer presidente afroamericano de nuestro país,” dijo Amy Siskind, un colaborador del Huffington Post en los Estados Unidos. “Y ahora se despierta la conciencia de que amén del gran orgullo en nuestros avances contra el racismo, comprendemos que tal vez no hemos hecho progresos en la lucha contra el sexismo.”

Una actitud negativa sobre el empoderamiento de las mujeres en el escenario político, se ha manifestado con ribetes de culebrón. Fiorina, por ejemplo, recientemente tuvo que disculparse por un comentario cándido realizado sobre el cabello de su oponente, Barbara Boxer. Y medios informativos han afirmado que Whitman empujó un empleado en 2007, cuando ella fue su jefa, y que el empleado recibió una indemnización para no hacer la denuncia. Aunque estos temas trivializan la importancia de las candidaturas, no dejan de ofrecer una perspectiva del desagrado que en ciertos círculos produce la presencia de estas mujeres.

“Si Whitman y Fiorina hubieran sido dos demócratas varones en California, tengo la impresión de que los medios habrían tenido un enfoque totalmente diferente sobre ambos incidentes,” dijo McCain. Subrayando que al final estos episodios triviales no importan, destacó que lo que la gente debe observar es la manera en que esas candidatas pueden contribuir con sus estados, y hacer más fácil la senda para las mujeres siguientes.

Si la periodista que escribió la historia sobre el Everest hubiera averiguado si aquella alpinista subió por otras razones de peso aparte del amor, el texto resultante habría sido más ilustrativo del ambiente frágil en que viven las mujeres que asumen riesgos supuestamente reservados a los varones. Como cree Siskind, las raíces del sexismo están enterradas profundamente debajo de la oscuridad, la ignorancia y el prejuicio. La aparición de estas mujeres norteamericanas en el paisaje político, podría señalar un paso a la superficie.

* Zachary Thomas Aldrich es estudiante de periodismo gráfico de la Universidad de Missouri. A sus 22 años, tiene una visión categóricamente inclusiva y no discriminadora sobre la mujer en la sociedad. Realiza una pasantía en Periodismo Social (Buenos Aires) con la colaboración de la Escuela del Periodismo de la Universidad de Missouri, como parte de un programa de intercambio para alumnos.