Seguridad en las ciudades, un tema de mujeres

Pese a la pretensión de la superestructura patriarcal de reducir las demandas por los derechos de las humanas a simples “reclamos feministas”, son cada vez más las y los especialistas que sostienen que la violencia de género es un tema que concierne a áreas tan diversas como la salud, la economía, el urbanismo y la seguridad. Algunas experiencias de empoderamiento en Argentina ratifican esta visión transversal, e insinúan posibles soluciones estructurales. (Informe de Silvina Molina y Luis María Otero/Buenos Aires)

Aplicar la perspectiva de género como línea indispensable para las diversas políticas urbanas y territoriales, es una asignatura pendiente en la formulación de estrategias públicas que apunten a producir cambios en los planteamientos del urbanismo actual, para introducir en agenda temas importantes de la vida cotidiana como la seguridad, la proximidad, el tiempo y la organización de los servicios. Ello incluye también el derecho a una vida en salud de las mujeres en un ámbito no violento, ya sea público o privado.

“Seguridad y violencia son los ejes para pensar en una concepción urbana igualitaria, donde las mujeres se empoderen del territorio y compartan estrategias de seguridad y planificación urbana como parte del combate a la violencia, influenciando en las políticas públicas”, aporta Mara Nazar del Centro de Intercambio y Servicios Cono Sur Argentina (CISCSA)-Red Mujer y Hábitat, integrante del equipo que implementa el programa “Ciudades Seguras” en la localidad argentina de Rosario, el tercer conglomerado más grande del país.

El proyecto, que se realiza también en Bogotá, Santiago de Chile, Lima, Guatemala, El Salvador y en la brasileña Recife, tiene como propósito “fortalecer una ciudadanía activa de las mujeres en el ejercicio de sus derechos, a fin de reducir la violencia pública y privada que se ejerce contra ellas en las ciudades”.

Concretamente, grupos de mujeres hacen “caminatas exploratorias” por los barrios, para detectar factores de riesgo social y territorial. Espacios abandonados, calles inaccesibles, lugares que sirven de escondite, sectores sin iluminación, veredas rotas, arterias sin señalización que impiden saber cómo llegar o salir del lugar… les sirven para realizar un diagnóstico y propuestas que luego elevan a las autoridades.

También participan masivamente de las jornadas “En la plaza, en la casa, en el barrio, en la ciudad, le decimos BASTA a la violencia hacia las mujeres”, que mediante actividades recreativas y culturales que promueven el uso y disfrute por parte de la comunidad de un espacio público abierto, intentan profundizar y difundir las iniciativas y propuestas que apuntan a fortalecer y promover el pleno ejercicio de los derechos de las mujeres a vivir en ciudades libres de violencia por razones de género.

“Las mujeres ocupando y disfrutando de los espacios públicos, el tránsito y la movilidad por los barrios y por la ciudad, sin miedos ni restricciones; la convivencia y la seguridad ciudadana plena, son algunos de los escenarios meta de estas iniciativas”, indica Mara Nazar.

Para ello, se vienen desarrollando experiencias de intervención participativa en los espacios públicos “que favorezcan la apropiación de los mismos por parte de las mujeres y la comunidad en general, al mismo tiempo que se promueve el fortalecimiento de las políticas públicas que atienden a la violencia de género y en particular la violencia hacia las mujeres”, agrega.

No se trata de una definición académica, no al menos desde un enfoque de género: la violencia machista en las ciudades es uno de los factores de riesgo más graves para las mujeres de entre 15 y 44 años, por delante del cáncer, los accidentes de tráfico y las enfermedades infecciosas.